Ciencias naturales
El paraíso que ovula en mi puerta;
el tala que amontona bajo sus uñas crines del cogote,
cuerdas de la cola;
la rosa china, roja;
la luz del naranjo y el limonero, blanca y blanca;
el enamor de la magnolia cítrica
que se hizo de pura cepa al escarabajo
y no a la abeja que fue tardía;
la cica a la cual la profesora de ciencias naturales
nos incitó a meterle la mano bajo la pollera
y arrancarle los huevos peludos y anaranjados
lo que me llena de vergüenza y me impide meter
mi alma en su conífera;
el rosal que se regala siempre;
el higuerón, árbol de muerte constrictor, abrazo
que baja hasta la tierra como los huesos últimos;
todos los pinos, cedros, cipreses, llamas de velas
encendidas sobre las placas;
toda la naturaleza muerta
sobre una mesa un verano
que los hermanos pequeñitos
tiraban dados y masticaban las uvas, duraznos, bananas
y manzanas en un plato hondo de vidrio rugoso
antes de entrar en los sueños al mismo tiempo
que nosotros éramos como dios
nos traía al mundo.
José Odjigh
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