Una paloma
D’altri diluvi una colomba ascolto. *
Giuseppe Ungaretti, 1925.
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De otro diluvio una paloma escucho.
Giuseppe Ungaretti, 1925.
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De otro diluvio una paloma escucho.
Debo decirles que yo era injusto:
mi pequeña, mi amor, el ser humano
que se sube a mis brazos y ríe sobre mi corazón,
no había hecho ninguna cosa mala.
No ha sido a causa de mi amor
por lo que sentí el miedo de mi hija,
sino porque aquel miedo estaba en mí
como la luz o el movimiento de la tierra.
Como a mí no es tan fácil engañarme pensé:
Por la manera de mover la cabeza
tiene que estar mintiendo.
El expresó que hoy se había vestido
elegante de luto y que lo hacía
para significarse abandonado
porque así parecía lindo y grande.
Y le dije señor usté ha venido
siguiendo sus entierros;
las oropéndolas funerarias lo eximen
de más complicaciones pero no me venga con chistes,
su vestimenta es triste, sí,
pero bastante falsa.
El viudo contestó que la tristeza
no valía por triste sino por la belleza,
por la alta dignidad que implica.
Mire esto.
Y se fue caminando lloroso, de costado,
fingiendo un ala rota,
como dicen que hacen ciertas aves
de los pantanos del Canadá.
Yo que no lloro me ha hecho llorar
este Floridor de Los Angeles
Combarbalá adentro, me ha hecho
con lágrima reír, espantar las moscas me ha hecho,
verlo todo como si nada.
Chile como si nada verlo en su nieve, compararlo
a qué sino a nada, a qué tan lúcido
y tan rabiosamente cruel sino al frío
del chillido chillantemente sucio de las gaviotas:
Chile
mío y más Chile bajo las estrellas:
nada
y todavía nada pero absolutamente
que el párpado debajo de su párpado.
Gonzalo Rojas
Desde que me quitaste
tu casa,
sin saber qué quitabas,
siento volar las águilas.
Yo he quedado sordo.
Miro sordo la calle.
Una mariposa que pasó
ya una vez.
Un pedazo de azul
sin ningún viento.
Por tus canillas doradas
no arroja más
el mar su sal.
No se dónde orinar
sin tu encrespado espejo
delante de mi cuerpo.
Cada día un corpiño
tuyo
se lava y seca.
Sé que gotea poco
porque es fuerte febrero.
Héctor Viel Temperley, FEBRERO 72 FEBRERO 73 (1973)
Llamar al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir a la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes -papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento-
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
y el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos, y del polvo.
Octavio Paz, Puerta condenada [1938-1946]
Mosquita,
tu juego de estío
destruyó mi mano,
ciega, sin saberlo.
¿No soy una mosca
lo mismo que tú?
¿No eres tú persona
lo mismo que yo?
Yo danzo,
yo bebo y canto,
hasta que una mano
destruya mis alas.
Si pensar es vida,
y fuerza y aliento,
no pensar es muerte.
Entonces yo soy
una feliz mosca,
si vivo,
si muero.
William Blake, Cantos de Experiencia, 1793.
version en idioma original:
http://www.portablepoetry.com/poems/william_blake/the_fly.html
Es natural que los Muchachos armen jolgorio
por tan enorme hazaña fálica, una aventura
que a las mujeres no les habría parecido
que valiese la pena planear. Tan solo fue posible
porque a nosotros nos gusta jutarnos en pandillas
y calcular el momento exacto: sí, con franqueza,
nuestro sexo aplaude la hazaña, aunque los motivos
que la hayan propiciado no sean menschlich.
Qué gran gesto. Pero ¿qué es lo que culmina?
¿Y qué es lo que cimenta? Siempre fuimos más hábiles
con los objetos que con las personas, y más dispuestos
al coraje que a la amabilidad. Desde el momento
en que el primer sílex fue tallado, este alunizaje
era sólo cuestión de tiempo. Pero todavía no sabemos
lidiar con nosotros mismos, igual que Adán. Sólo
somos modernos en esto, en nuestra falta de decoro.
Los héroes de Homero no eran más valientes
que estos tres de ahora, pero tenían más suerte:
a Héctor le ahorraron el insulto de que
su valentía tuviese cobertura televisiva.
¿Vale la pena ir a verla? Me lo creo.
¿Vale la pena verla? ¡Bah! Una vez crucé un desierto
y no me entusiasmó: prefiero un jardín
bien regado, lejos de esos que charlan
sobre lo Nuevo, los Von Braun y su calaña;
allí puedo contar las flores en mañanas de agosto,
allí la muerte todavía tiene sentido y ninguna
máquina puede cambiar mi perspectiva.
Gracias a Dios, mi Luna impoluta todavía es
la Reina de los Cielos, creciendo y menguando,
y ante Ella todavía me derrito; su hombrecillo,
hecho de arena y no de proteínas, todavía me visita
con su indiferencia de siempre, y las advertencias
de antaño todavía me asustan: la hybris siempre
termina mal, la Irreverencia siempre es una
torpeza mucho mayor que la Superstición.
Nuestros burócratas seguirán construyendo
ese mismo jaleo sin gracia que es la Historia:
todo lo que nosotros rogamos es que los artistas,
los cocineros y los santos sigan sin hacerles caso.
W. H. Auden, 1969
traducción de Javier Calvo
idioma original: http://www.lib.ru/POEZIQ/AUDEN/poems_engl.txt
Me alegró saber
que fue menos hospitalaria la nieve
rusa somos Israel
los hombres
se llevaron el nombre
también el de Shiraz
que tanto tiempo lo pensamos con ella
Y el pájaro
que te obsequié
y la licencia de conducir
Fue tan fugaz
que se abrieron los hielos
¿Qué puede hacerle el sable
al corazón del oruga?
¿Qué puede hacerle el sable
al corazón del diablo?
José Odjigh, Primeros Lamentos, 2006