Monday, July 24, 2006

“Dompna pois de me no’us cal”

Del provenzal  de  En Bertrans de Born

Señora, como nada os preocupo,
y como me habéis apartado de vos
sin ningún motivo,
no sé adónde dirigirme,
pues ciertamente,
nunca volveré a recoger
tan rico gozo, y si ya nunca encuentro
a una dama cuyo aspecto le hable
a mi deseo como el vuestro, vos a quien he perdido,
yo no tendré otro amor a ningún precio.

Y pues no puedo encontrar otra de vos pareja,
ninguna tan hermosa, ni de tal corazón,
tan viva y vehemente,
ni con tal arte
en el vestir, ni tan alegre,
ni dotada de tal liberalidad ni tan veraz,
iré buscando por ahí,
escogiendo de cada una un rasgo hermoso
para hacerme una dama ideal
hasta que vuelva a encontraros dispuesta.

Bella Cambelins, el color lo tomaré de vos,
pues es tan sólo vuestro, y vuestra mirada
en donde está el amor,
y aquí hago una cosa arrogante,
pues, en cuanto al color y la mirada,
nada echaré de menos
al poseer los vuestros.
A Midons Aelis (de Montfort)
le pido su manera de hablar, directa y espontánea,
para que a mi fantasma no le falte artificio.

A la Vizcondesa de Chalais, le pediría
que me otorgase sin tardanza
su cuello y sus dos manos,
para seguir mi camino
a Rochechouart,
con pie ligero hasta mi dama Anhes:
viendo que Isolda, la amada de Tristán, no tuvo nunca
guedejas con tal gracia, eres testigo,
aunque de eso ella tiene una gran fama.

De Audiart de Malemort,
pese a que de todo corazón
deseó mi mal,
yo tendría su forma
que tan graciosamente se entrelaza,
intachable porque su amor
no se rompe ni se desvía.
De Miels-de-ben demando
su cuerpo erguido y lozano,
es tan esbelta y joven
que sus ropas la minusvaloran.

Los blancos dientes de Faidita
pido, y la exquisita cortesía
con que ella nos acoge,
y las respuestas que despliega
en su hogar;
de Bels Mirals, el resto,
la alta estatura y la alegría,
cómo lograr que no acontezca,
ella lo sabe bien,
ni un cambio ni un desvío.

Ah, Bels Senher, Maent, finalmente
nada solicito de parte vuestra,
salvo que tengo tal deseo
de este fantasma
como lo tuve por vos, tal llamarada,
y, sin embargo,
antes que tener a otra en mis brazos,
prefiero estrecharos y besaros,
¡Ah, señora, por qué me apartasteis de vos
sabiendo que me teníais tan atrapado!

Ezra Pound, Personae, 1913-1915.

 

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Monday, July 17, 2006

Plegaria por la vida de su dueña

De Propercio, Elegiae, Lib. III, 26.

Otórganos, Perséfone, tu clemencia, mantente firme,
y tú también, Plutón, no nos traigas ya más calamidades.
Tantos miles de bellezas han bajado al Averno,
dejad que alguna se quede arriba con nosotros.

Con vosotros está Iope, con vosotros Tiro, la de resplandeciente blancura,
con vosotros está Europa y la desvergonzada Pasifae,
y todas las bellezas de Troya y las de Acaya,
las de los reinos divididos, las de Tebas y del anciano Príamo;
y todas las doncellas de Roma, todas las que existieron,
han muerto, y la voracidad de vuestras llamas las consume.

Otórganos, Perséfone, tu clemencia, mantente firme,
y tú también, Plutón, no nos traigas ya más calamidades.
Tantos miles de bellezas han bajado al Averno,
dejad que alguna se quede arriba con nosotros.

Ezra Pound, Personae, 1908-1911.

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Friday, July 14, 2006

La ciudad de Choan

Los fenix están jugando en su terraza.
Los fenix se han ido, el río fluye soitario.
Flores y hierba
cubren la oscura senda
donde descansa la casa dinástica de los Go.
Los brillantes vestidos y los brillantes gorros de los Shin
son ahora la base de colinas antiguas.

Las Tres Montañas caen a tráves del cielo lejano,
la isla de la Garza Blanca
divide la corriente en dos.
Ahora las altas nubes han cubierto el sol
y yo no puedo ver Choan a lo lejos
y estoy triste.

Rihaku

Ezra Pound, Cathay, 1915.

traducción de Jesús Munárriz y Jenaro Talens.

 

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Wednesday, June 14, 2006

Alabanza de Isolda

En vano he intentado

                   enseñar a mi alma a doblegarse;

en vano le repito:

“Muchos cantores hay más grandes que tú.”

 

Pero viene su respuesta, como vientos y sonidos de laúd,

como vago llamado en la noche

que no me deja descansar, diciendo siempre,

                  “Canto, un canto.”

 

Sus ecos se entrelazan en el crepúsculo

buscando siempre un canto,

y he aquí que estoy gastado y fatigado

y el vagar por tantos caminos ha hecho que mis ojos sean

como rojos círculos oscuros llenos de polvo.

Y sin embargo tiemblo en el crepúsculo,

y palabritas elfos rojos gritando: “Un canto,”,

palabritas elfos grises exigiendo un canto,

palabritas hojas cafés gritando: “Un canto”,

palabritas hojas verdes pidiendo un canto.

Las palabras son como hojas, viejas hojas oscuras

         en primavera

llevadas por el viento, sin saber a dónde, buscando un canto.

 

Palabras blancas como copos de nieve pero son frías.

Palabras musgo, palabras labios, palabras corrientes lentas.

 

En vano he intentado

                  enseñar a mi alma a doblegarse,

en vano le he insistido:

                   “Hay almas más grandes que tú.”

 

Porque en la mañana de mis años vino una mujer

llamando como luz de Luna,

como llama la Luna a la marea,

                     “Canto, un canto.”

 

Por lo cual le hice una canción, y me dejó

como al mar deja la Luna

pero seguían viniendo las palabras hojas, palabritas elfos cafés

diciendo: “El alma nos envía.”

                       “Canto, un canto!”

Y en vano les gritaba: “Ya no tengo canción

porque aquella que cantaba me ha dejado.”

 

Pero mandó mi alma una mujer, una mujer de extraña maravilla,

una mujer como fuego sobre bosques de pinos

                  gritando siempre: “Canto, un canto.”

Como llama el fuego a la savia.

Mi canto se incendió con ella, y me dejó

como al rescoldo abandona la llama así fue en busca

          de bosques nuevos

y las palabras estaban conmigo

                  gritando siempre: “Canto, un canto.”

 

Y yo: “No tengo canto”,

hasta que mi alma envió una mujer como el sol:

sí, como el sol llama a las semillas,

como la primavera sobre las ramas

así es la que viene, la madre de los cantos,

la que tiene en los ojos palabras de maravilla

las palabras, palabritas elfos

                   que me llaman siempre,

                    “Canto, un canto.”

 

En vano he luchado con mi alma

                 para enseñarle a doblegarse.

Qué alma se doblega

                   cuando te tiene en su corazón?

 

Ezra Pound, Personae, 1908-1910


versión de Isabel Fraire

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Saturday, June 10, 2006

La Fraisne

Era concejal escuálido, grave
sabio en todas las cosas y muy viejo,
mas deseché locura tal y el frío
que en la vejez se porta como manto.

Era bien fuerte, al menos lo decían,
durante la esgrima jóvenes hombres;
mas deseché locura tal y gozo
en otra moda que mejor me sienta.

Me encrespé entre la arcilla de los fresnos,
oculté mi figura donde el roble
en mí derramó sus hojas y el yugo
arrojé de los hábitos antiguos.

En el quieto estanque de Mar-nan-otha
hallé una novia
que fue cornejo.
Me emplazó por mis hábitos antiguos,
calmó mi rencor concejil,
pidiéndome sólo encomiar

al viento que tiembla sobre las hojas.

Me sacó de mis hábitos antiguos,
y tanto que me dicen loco,
y me alegra, como vi la congoja,
sé que son locura el lloro y la pena.
Yo? Deseché el dolor y la locura.
Envolví lágrimas en hoja de olmo
y las puse bajo una piedra,
y hoy me dicen loco porque arrojé
de mí la locura, la deseché
para abandonar hábitos estériles,
porque mi novia
es un estanque del bosque,
y aunque dicen que estoy loco,
estoy alegre,
muy alegre,
                    porque mi novia gran amor me tiene,
más dulce que el amor de las mujeres
que infesta, devora, compulsa.

Aie-e! En verdad estoy gozoso,
muy gozoso al tenerla sola
                                y que ningún hombre perturbe.

Entre jóvenes hombres hace tiempo…,
decían que era bien fuerte.
Una mujer entonces…
…pero olvidé… era…
espero que no vuelva.

…no recuerdo…

Creo que me hirió entonces, pero…
fue hace mucho.

No quiero recordar más cosas.

Gusto la pequeña banda de vientos
que aquí sopla en los fresnos:
porque estamos muy solos
entre los fresnos.

 

Ezra Pound, Personae (primeros poemas), 1908-1910.

 

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